jueves, 9 de mayo de 2013

Ellas exigen que encuentren vivas a sus hijas. Las autoridades, en silencio: el Día de las Madres en Juárez



Su mirada: de ojos enormes que vuelven a brillar con sólo verla en una foto. La acaricia en una manta que ha colgado en la explanada de la Fiscalía General del Estado en Ciudad Juárez: "Esos ojos me emborrachan, me embriagan". Y cuando expresa cuánto extraña a su hija, cruza sus manos en su cuello como si su pequeña le abrazara: sus ojos estallan dolor.

María Antonia: mamá de Claudia Soto Castro. Llega a un plantón de veinticuatro horas convocado por mamás y papás de desaparecidas para exigir que las autoridades encuentren vivas a sus hijas, que hagan su chamba. No ha podido comenzar la protesta al mediodía porque tuvo que atender a las dos niñas de su hija desaparecida: a los 19 años, el 16 de marzo del 2011.

Ahora, cuando el intenso azul del cielo se convierte en una fiesta de colores, se une al resto de las mamás que pasarán la noche a la intemperie. Es 9 de mayo, la víspera de la celebración del Día de la Madres, que en México se celebra el 10 de mayo. A las doce de la noche o a antes de despertar, la costumbre es llevar serenata a las mamás: unos cantan con sus propias voces, otros contratan Mariachis... Lo que toda madre recibe en ese momento mágico son los abrazotes de sus hijos.

"Ya son tres días de las madres que no soy madre completa. Para festejar un día de las madres tienes que tener a todos tus hijos, pero me falta mi pedacito de cielo. No hay una mamá que sufra más que la otra porque no tener un pedacito de cielo es un día sin sol, sin estrellas, por eso cuando la miro, yo me embeleso pegando pesquisas y la acaricio... y cuando me las quitan, les digo groserías.. por qué me las quitan, qué daño les hacemos con pegarlas".

http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2013/03/dos-anos-buscando-claudia-soto-castro.html




Al besar la foto de su hija Diana Rocío Ramírez Hernández, Rosa María se derrumba. La ve en una posición en la que siente que está cerca de ella: no sabe dónde está. Llega al plantón de unas treinta personas al salir de su trabajo de auxiliar administrativo.

"La última que vez que la vi fue el 1 de abril del 2011, ya son dos largos años... Yo ni quería que llegara el día es un día muy triste, desde dos años que no está ella no recibo su abrazo, su felicitación. Tengo a mis otros hijos pero falta un pedazo de mi corazón, pero tengo mucha esperanza en Dios que voy a ver la y me va a dar todos esos abrazos que no me dio en Navidad, en Ano Nuevo.. y tengo mucha fe en Dios en que así va a ser, en que ella está viva y así va a ser.  Es bien difícil ver en qué las convierten...Te cambia totalmente la vida"

http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2013/04/desde-que-su-hija-diana-rocio-ramirez.html




En los cristales de la Fiscalía hay pegadas cuatro cartulinas rosas con gritos de justicia:
"No queremos huesos, las queremos vivas.  Dos décadas de desaparecidas y las autoridades no hacen nada, pónganse a trabajar.  La imagen de Juárez se limpia con nuestras hijas vivas. Queremos que las busquen vivas".
Lucy, la mamá de Nancy Navarro Muñoz, escribió las frases que todas sentían. Hubieran querido empapelar el edificio de arriba a abajo, pero no tenían más pesos para comprar más material.

"Es muy triste ya van a ser dos años que no tengo a mi hija. El 10 de mayo se juntaba con sus primos y su hermanos, y nos iban a dar serenata. Pues este año me quedo ya en la Fiscalía... En la mañana temprano me llevaba mi regalo y todo esto extraña uno, con la esperanza de que vuelva a ser lo mismo cuando las autoridades se pongan en verdad a trabajar. Es la única esperanza que ellas estén en algún lado y que un día alguien las recate como a las tres muchachitas de Estados Unidos (secuestradas durante diez años en Cleveland) y es lo único que nos mantiene vivas, la esperanza en Dios y en la comunidad, que alguien las ayude a salir de donde están. Un año más sin mi hija, no se puede quedar así. Las autoridades no pueden ver que se puede quedar así".

http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2011/07/desaparecida-nancy-navarro-18-anos-sin.html




La ve muy bien arreglada y triste. Hasta que despierta. Su Luz Angélica Mena Flores está desaparecida. El 4 de agosto del 2008 tenía 19 años de edad. Luz Carmen, su mamá, la busca desde pocas horas después de que saliera de su casita situada a dos cuadras del Monumento Benito Juárez, en la zona centro rumbo a la tienda Maxi para entregar una solicitud de trabajo. Hace un año le comentaron que estaba en la ciudad de Chihuahua. Y viajó durante quince días con la esperanza de encontrarla.

"Cinco días de la madre sin su "Canción a una madre" de Los Cadetes de Linares... Mi casa siempre está sola, no me gusta festejar ningún día del año no tengo ganas de festejar, no siento alegría. Tengo a la Virgen de Guadalupe con rosarios, pidiéndole a mi hija".




Grisel Paola Ventura Rosas es hermosísima, como todas las niñas y jóvenes que comparten el mismo espacio en el plantón de la explanada de la Fiscalía. Silvia, su mamá,  ha colgado la manta que lleva en las manifestaciones en una cuerda, como otras mamás que nunca había conocido hasta que su pequeña desapareció a los 16 años de edad. La mayoría de estas mamás que se atreven a protestar comparten un mismo año y un lugar: el 2011 en el centro histórico de Ciudad Juárez comenzó su agonía en busca de sus hijas.

"No se puede estar bien sin ella. Es un día que no se puede festejar y pues nosotras qué quisiéramos que el regalo fuera tenerlas con nosotros".





Consuelo, la mamá de Griselda Murúa, no puede entender cómo su hija desapareció el 13 de abril del 2009, a los 16 años de edad, y en estos años las autoridades no la hayan encontrado. En el Estado de Chihuahua, al que pertenece Ciudad Juárez, la desaparición de mujeres no es un delito.

"En mi hogar falta esa luz, esa alegría. Mi casa está sombría sin ella. Los ánimos se pierden, claro que intentas seguir la vida. Para mí lo más valioso eran los besos y los abrazos que ella me pudiera dar, es lo máximo".





Bertha Alicia, la mamá de Brenda Berenice Castillo, se resiste a que le entreguen huesos como ha sido la práctica reciente de la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razón de Género. Tiene varias pistas de donde está su hija y un nieto Kevin, de 4 años de edad, al que protege de las cámaras por seguridad, como todas las mamás. Si los 45 años que tiene no estuvieran tan marcados en su físico, se convertiría en una agente especial de investigación camuflada. Lo haría día y noche hasta acabar con la desaparición de mujeres que ha azotado a Juárez durante dos décadas. Ahora lleva cuatro años buscándola como puede.

"Me siento muy triste, me hace mucha falta mi hija. Es un día muy importante para nosotras las mamás, porque está el amor de nuestros hijos con nosotras y ellos están en persona, y es un pedazo el que me falta para estar completa. Ella siempre me llevaba Las Mañanitas al amanecer. Ya llevó tres 10 de mayo aquí en el plantón, cada vez hay más mamás. El primer año, cuatro y la licenciada Francisca Galván y ahora somos más pero sin la asesora jurídica, detenida en San Diego, California, al pedir asilo político".

http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2013/01/como-sobrevive-un-nino-de-4-anos-de.html


****Actualización: Las autoridades celebraban el Día de las Madres ajenas al plantón en la Fiscalía que se tenía lugar a la entrada de sus oficinas. En los mensajes y discursos de buenos deseos de las autoridades locales, estatales y del presidente Enrique Peña Nieto y su esposa no hubo ni un segundo para estas mamás. 

"Quieren tapar el sol con un dedo, pero nosotras se lo vamos a destapar. Las desaparecidas existen", dice Lucy, la mamá de Nancy Navarro, desaparecida el 13 de julio de 2011 a los 18 años de edad.

Tras el plantón de veinticuatro horas en la Fiscalía General del Estado, donde pasaron la noche sentados en unas sillas, leyendo poemas y orando entre la lluvia, el viento y el granizo de la madrugada, las mamás y papás de desaparecidas marcharon el viernes hasta la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razón de Género. 

Tras colocar mantas con exigencias y las fotos de sus hijas, rezaron. 

Tampoco las atendieron. Era un día de celebración y en muchos centros de trabajo del gobierno las madres no trabajaban. Estas seguían luchando contra el silencio, investigando su paradero. Como todos los días desde que sus hijas desaparecieron. 


A los 13 años de edad Jocelyn Calderón Reyes desapareció el 30 de diciembre del 2012. Perla, su mamá, la abraza en una manta.


Con 15 años de edad, Janira Frayre Jáquez desapareció un 16 de junio del 2010.  A su mamá, María de los Angeles sólo le queda luchar para encontrarla.
Yolanda con su Janeth Paola Soto Betancourth, desaparecida a los 19 años el  23 de mayo del 2011.
A los 14 años de edad,  Esmeralda Castillo Rincón desapareció, un 19 de mayo de 2009. Su madre Marta y su padre Jose Luis la buscan incansablemente. "La mala imagen de Juárez se limpia con nuestras hijas vivas" es uno de los mensajes que se pegaron en los cristales de la Fiscalía General del Estado en Juárez.
Con 16 años de edad, Jessica Ivonne Padilla Cuéllar desapareció. Un 7 de julio del 2011, a las pocas horas de que no supieran nada más de ella, Anita su mamá convirtió su dolor en lucha.

Los rostros de algunas de las desaparecidas en Juárez surgieron en forma de foto en la explanada de la Fiscalía General del Estado. En la pequeña tienda que divisan a la izquierda, las mamás se refugiaron de la lluvia y ventolera de la madrugada. El plantón por 24 horas exige que encuentren a sus hijas vivas. Las mantas de desaparecidas siguen en la izquierda de esta foto e intentan mostrar que ellas existen, rompiendo el discurso oficial de las autoridades.

sábado, 4 de mayo de 2013

Cómo la familia de una víctima de feminicidio tuvo que huir de Ciudad Juárez a Veracruz


Yadira y Moisés, a la derecha, con sus cuatro hijos, la esposa del mayor y su nieto en la estación de autobuses
de Ciudad Juárez rumbo hacia el Estado de Veracruz.

Señales de la inminente huida: pequeños montones de ropa. Un trozo de papel. Televisión y vídeo en venta, en lo que le den. Nervios. Llegó el día: tras las amenazas de muerte, los hombres rondando afuera de su hogar y la desaparición de su hija María Guadalupe de la Cruz Francisco, de 17 años, encontrada cadáver en un terreno baldío detrás de una de las 325 fábricas maquiladoras que comenzaron a surgir en Ciudad Juárez desde mediados de los años 60.

La noche anterior: ven las prendas de su hija, las que estrenó el día que desapareció y con las que la encontraron convertida en cadáver en descomposición. Cinco minutos en la Fiscalía, al mes de enterrar a su Lupita, y tras varias negativas de las autoridades.

"Quería estar segura de verlas antes de que me fuera. Faltaba no más el brazier. Ahora estoy más tranquila porque ya sé que era ella, pues no la vi en la caja", dice Yadira, mamá de la adolescente asesinada.

Calcetín blanco con rayitas. Blusa rosa. Pantalón de mezclilla. Botines.

"Cuando yo llegué, estaban tendidas en una mesa. Se las compré en Vesticentro, no le gustaba la ropa de segunda. Yo le compré un viernes y el lunes (4 de febrero 2013) se lo puso, le llevé a vacunar en la mañana de la influenza y el tétanos, yo siempre estoy pendiente de eso. Salió a la tienda Del Río (a recargar el celular) y desapareció".



Hay que empacar la ropa: no tienen maletas. Sólo faltan unas horas para dejar Ciudad Juárez. Y la valija pequeña que les proporcionó el viernes la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas de Delito por Razones de Género es minúscula para una familia de ocho miembros. Piden cajas en un supermercado cercano a su casa pero para llevárselas tienen que pagar. Pero no tienen dinero ni para comer. Moisés, el papá de María Guadalupe, llama a Fiscalía para hablar con un agente del ministerio público. Recuerda la conversación:

"Lo primero, yo ya me había disgustado. Ellos nos habían prometido que nos iban a ayudar con maletas para transportar nuestras ropas pero al final que nos mandan avisar que no había presupuesto y que hiciéramos lo que pudiéramos. Yo les mencioné que se comprometieron y se supone que cuando alguien lo promete, lo cumple. "Usted señor es un mal agradecido, debería estar agradecido a nosotros porque gracias a nosotros le hemos conseguido casa (por tres meses)" y usted cree que me estoy yendo por gusto. Yo me estoy yendo por seguridad de mis hijos. El agente me dijo que ellos habían hecho todo lo posible, y que yo era la única persona que estaba siendo rebelde, haciendo su teatrito. Le recordé que si fuera verdad lo que ellos decían, entonces mi hija no hubiera desaparecido, no hubiera sido asesinada, si hicieran su trabajo, la hubieran rescatado. El agente me dijo: bueno, señor vamos a hacer todo lo posible para conseguir las maletas".

Llegan a la estación de autobuses. Una pareja joven de psicólogos de la Fiscalía los acompañan. Les ayudan a bajar las dos bolsas de plástico a cuadros que las autoridades les consiguieron para que guardaran sus pertenencias. El resto va en algunas bolsas, abiertas, que su comunidad de la iglesia cristiana les ha obsequiado y en diversas bolsas de supermercado. No han podido convencerles de que les llevaran antes al cementerio, a despedirse de su hija.

Desde que los conocí, nunca los había visto tan afligidos:

"Yo no me quiero ir, yo quiero que realmente hagan justicia, no vayan a esperar a que nos alejen de aquí para luego cerrar el caso, pues no, la lucha sigue. Por qué me tuvieron que entregar a mi hija muerta...", comenta Moisés, un guardia de seguridad desempleado de 41 años.

"Me siento un poco triste, porque se quedan los restos de mi hija", añade Yadira, de 39 años.

Despedida sin abrazos de sus seres queridos en la estación de una ciudad con pésimo y casi inexistente transporte público. Les esperan tres días de viaje, tres conexiones de regreso a su Veracruz, la tierra de la que emigraron hace dieciséis años en busca de trabajo en una fábrica maquiladora, con dos niños. María Guadalupe de la Cruz se quedó en el panteón de San Rafael. El mayor de sus hijos regresa con su esposa y su niño de 3 años, la misma edad que él tenía cuando llegó a Juárez.
Los pequeños de la familia De la Cruz, de 14, 10 y 2 años pisarán por primera vez la tierra de sus padres. Dejan atrás la ciudad que fabrica la riqueza del primer mundo a salarios del tercero, por un poblado en el estado sureño de Veracruz marcado por la emigración al norte del país y a Estados Unidos. En un México inmensamente rico: para unos pocos.



*** Actualización: la familia de María Guadalupe de la Cruz Francisco  llegó el lunes 6 de mayo al Estado de Veracruz, a las dos casitas que la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas de Delito por Razones de Género les rentó por tres meses. 
Yadira, la mamá de la adolescente asesinada, me comenta que por no tener, no tienen ni regadera para poder ducharse, tampoco hay estufa para cocinar, ni trastes, mi mesas, ni sillas y se pregunta por qué las autoridades no les dejaron venirse con todos sus pocos enseres que tuvieron que vender horas antes de tomar el bus. 
Las viviendas están localizadas en el monte, no hay transporte público y para llegar a la zona centro deben de tomar taxis. Se sienten aislados, buscando una iglesia cristiana para que les orienten en su nueva vida. Les urge poder encontrar una escuela para sus hijos. Y chamba.

http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2013/04/dos-semanas-con-su-hija-enterrada.html

http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2013/04/tres-dias-en-bus-para-encontrarse-con.html

sábado, 20 de abril de 2013

Dos semanas: con su hija enterrada, amenazas e intentado huir para proteger al resto de sus hijos

Yadira y Moisés con tres de sus cuatro hijos, vivos. Y María Guadalupe de la Cruz, víctima de feminicidio, en una foto.

La última vez que supe de ellos fue el día del entierro de su hija. Hoy, dos semanas después, regresé a su colonia, la Azteca, una de las más azotadas por la violencia, ahora entre los recuerdos de los que no están: delante del hogar de la familia de María Guadalupe de la Cruz Francisco han sido asesinadas dos personas, detrás una, en la esquina, otras tres.... Es como si cada calle tuviera una historia de balazos, cadáveres e impunidad. La suya tiene además una desaparición, la de su hija, a los 17 años de edad, que se desenlazó en un feminicidio. Y una iglesia, abandonada. En un paisaje de arena que se levanta con el viento y que intenta ser una carretera en pendiente.

Poco antes, dos agentes investigadoras del ministerio público acababan de llegar al lugar. Preguntaron por Yadira, la mamá de la adolescente desaparecida y asesinada, pero ésta se encontraba fuera en una reunión con otras señoras cristianas. Así que hablaron con Moisés, el papá de María Guadalupe. Tres niños de 14, 10 y 2 años correteaban en el patio de la casita de un solo cuarto que no tiene cocina ni refrigeradora, en la que apenas caben tres colchones en los que duermen. En uno de ellos, había una Biblia.

"Queríamos hablar con ella porque ya no vamos a regresar", recuerda que las agentes le comentaron.
Las oficiales decidieron preguntarle a él sobre la cicatriz que tenía su hija, operada del apéndice. "Vayan mejor al Seguro Social y le van a dar toda  la información...(les dijo). Me dí cuenta que realmente esas personas están desviando la investigación, no se están enfocando a investigar quiénes asesinaron a mi hija".

De un pequeño espejo roto, colgado en la pared, surge la foto con la que María Guadalupe de la Cruz fue velada. Es la única foto que tienen reciente de ella y se la tomó cinco meses antes de desaparecer el pasado 4 de febrero. Una vecina se la obsequió para ponerla en el ataúd. Con ella intentan acostumbrarse a su ausencia aunque su hermano de 10 años no asume aún que su María Guadalupe esté muerta. "No quiero a mi hermana así, yo la quiero viva". Y su hermana de 14 años, la recuerda realizando comentarios de las cosas que hacía, de cómo era, de cómo le gustaba cocinar carne molida.

Han decidido que se quieren ir de Ciudad Juárez, la ciudad a la que Yadira y Moisés emigraron hace dieciséis años desde Oteapan, en el estado de Veracruz, buscando el sueño de trabajar en una fábrica maquiladora. Tienen miedo por sus vidas y sobre todo, quieren proteger a la hermana adolescente de esta víctima de feminicidio cuyos restos aparecieron tirados en un terreno baldío detrás de la maquiladora Electrolux, el 26 de febrero.

El matrimonio ha solicitado el apoyo de la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas de Delito por Razones de Género -para proteger a sus hijos de las amenazas de muerte y del temor a que su hija de 14 años desaparezca también- trasladándose toda la familia a Veracruz. Necesitan los boletos de autobús y asistencia para encontrar un lugar adonde llegar con sus cuatro hijos y comenzar a vivir mientras encuentran un trabajo.
Las autoridades les aseguran, ahora, que podrían ayudarles pero sólo con los pasajes del bus aunque para esto el padre de familia tendría que quedarse en Juárez "hasta que se resuelva el caso". Pero ellos no quieren desintegrarse como familia. Incluso, por el momento, prefieren quedarse en México para seguir las investigaciones de su hija que pedir asilo político a Estados Unidos.

"Gracias a Dios nos hemos sentido fortalecidos, no es lo mismo cuando falta uno de la familia pero desgraciadamente hoy nos pasó esto. Pero lo que más quisiera yo es que la autoridad de Ciudad Juárez se pusiera a trabajar, han pasado veinte años que han desaparecido jovencitas en Juárez cuando en Estados Unidos cuando hay un delito, encuentran a los culpables como en la masacre de Boston. Lo que me da a entender es que las autoridades de Ciudad Juárez no están haciendo su trabajo y buscan a chivos expiatorios como en muchos casos se han dado. Si realmente hay agentes especializados, dónde están las desaparecidas o realmente a quién protegen... dónde está la justicia entonces", dice Moisés de la Cruz, un guardia de seguridad desempleado, de 41 años, la edad en donde en esta ciudad es difícil conseguir un trabajo en una fábrica maquiladora.

"Realmente estas personas o no hacen su trabajo o para quién están trabajando porque si trabajaran para brindar seguridad a la comunidad, realmente mi hija estaría hoy viva. Ya aportamos los testigos y no han ido a verlos. Aquí el gobierno de Chihuahua lo que quiere es tapar el sol con un dedo y decir que no pasa nada. Quieren que entre más economía a Ciudad Juárez, para que puedan invertir y haciendo un lado lo que está afectando a la comunidad, las desapariciones, los feminicidios, los asesinatos es lo que realmente se debe de enfocar el gobierno, de dar seguimiento y dar con los culpables".

Comienza a atardecer en Juárez, con su magia de ocres y rojizos en un cielote inmensamente hermoso, y Yadira, de 39 años, regresa de la reunión con su grupo cristiano:

"Nunca pensé que nos iba a tocar, que a mi hija le fuera pasar esto".
http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2013/04/tres-dias-en-bus-para-encontrarse-con.html



***Esta noche fueron asesinadas tres personas. El horror, vivo en los niños que sobrevivieron al ataque ocurrido en una fiesta infantil en la calle Salvador Dalí, de la colonia Parajes del Sol. De dos de ellos, se saben sus nombres. Leobardo Roberto Javier tenía 38 años de edad y Oscar Humberto Campos Cano, 44 años. 
La noticia, en el universo informativo, sigue siendo el ataque, el lunes, al maratón de Boston: con sus tres asesinados, los 184 heridos y los dos asesinos localizados tras una búsqueda protagonizada por más de 9 mil agentes. De las más de 30 personas muertas en Somalia por coches bombas y los heridos -unas horas antes de la tragedia en Boston- apenas hay información en medios italianos y británicos, de los que fue colonia, ni en los medios francófonos que se destacan por una mayor cobertura del continente africano. 
Hay días en los que me pregunto qué hay que hacer para que todos los muertos (y los que sobreviven a sus asesinados) cuenten. Y la historia trágica no vuelva a repetirse.

sábado, 13 de abril de 2013

Cuando las balaceras se dispararon, el colectivo de artistas JellyFish "disparó" la alegría por vivir de los juarenses

Aquí están los miembros de JellyFish: de izda. a dcha, Pika, Kukui, Atenas y Pilo. Falta, Alfonso. 

Afuera, las luces y un cartel que dice JellyFish. Dentro, un mundo de rosas, naranjas, azules, verdes y amarillos brillantes. Es viernes noche. Y en una casa tipo hacienda rentada para la ocasión, donde se realizan eventos como quinceañeras, van llegando decenas de jóvenes. Casi doscientos.

Un antiguo pupitre de madera se convierte en un conejito: un espacio atrayente en el que todos los niños estudiarían. Invasiones extraterrestres surgen de pinturas transformadas en un huracán de sensaciones. Carátulas de discos modificadas con personajes mexicanos. El graffiti pop art. Diseños con los elementos del cómic. Es el absurdo. La vida con los matices que caracterizan a los juarenses: la alegría y más alegría.

Es la exhibición: "personas sin convicciones", la primera retrospectiva que realiza el colectivo JellyFish en sus tres años de vida. Una muestra de una sola noche, con música y visuales en la terraza de una casona de Ciudad Juárez, donde se deslumbra la magia de una exposición en el bohemio barrio de Williamsburg en Nueva York pero mucho más chidotota: con la vida, la fuerza, la calidez humana y el espíritu guerrero de los juarenses.




Las balas comenzaban a golpear con fuerza a Ciudad Juárez. Y los JellyFish empezaron a encerrarse en su paraíso artístico: de creaciones con los colores de la vida. Lo llevaron a las colonias más azotadas por la pobreza y la violencia. Lo compartieron con niños y jóvenes que habían visto varios asesinatos en su corta edad. Les descubrieron el mundo del arte con talleres: para olvidar y reaccionar ante su realidad con las armas de la creación.

"Muchos artistas se enfocaron en la violencia y no nos interesa mucho ese tema: hay una ciudad, la alegría, los colores, lo que somos...", dice Ricardo Herrera "KuKui", de 38 años de edad.




Son cinco -tres diseñadores gráficos, un arquitecto y un experto en animación- y todos trabajan en cada una de las obras que realizan. La influencia del diseño permea en sus obras. Tienen un estudio y han constituido una asociación civil llamada Taller de Creación Gráfica (TACGRAF) desde donde imparten talleres de arte urbano con el apoyo de varias instituciones.

Todo comenzó con Leonel Portillo "Pilopida", de 25 años, y una tesis que debía de realizar para completar sus estudios en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ). Decidió hacerla sobre la inserción social del diseñador gráfico, realizando talleres de arte urbano a niños en colonias vulnerables. Pensaba en cómo "lograr un cambio desde las raíces de Juárez que son los niños los jóvenes. Si cambiamos a los niños y jóvenes en un futuro van a ser mejor ciudadanos".

En la aventura le acompañó Atenas Campbell, de 25 años. Después, se fueron incorporando Ricardo Herrera "Kukui", Francisco Chávez Flores "Pika" y Alfonso de la Cruz. La serigrafía, pintura, la ilustración tradicional y digital, el graffiti y el diseño gráfico de sus creaciones convivió con los murales animados que comenzaron a realizar por varios muros de Juárez. Proyecciones que combinan la animación, el graffiti y la ilustración para crear murales efímeros. Sus expresiones artísticas se unieron a su responsabilidad social.

"De los talleres aprendí que a los niños se les tiene que enseñar las cosas porque el talento ahí está, no conocía su realidad. Se les tiene que dar las herramientas para expresarse de otra manera", dice Atenas, que como todos los miembros del colectivo es hija de profesionistas.




Una Juaritos que expresa su magia a través del trabajo de colectivos como JellyFish. Porque, como dice el dicho, "el que bebe agua de Juárez, aquí se queda":


"Yo viví cuatro años en el DF, la gente de aquí es fantástica aunque esté la ciudad como esté. Me gusta el DF pero para vivir, ya no", apunta Ricardo Herrera "Kukui".



**** Os dejo con más fotos que tomé de esta muestra, para que podáis viajar por JellyFish:









***** Actualización: si queréis disfrutar de una noche como la que se vivió en Juaritos con los JellyFish, podéis hacerlo cruzando a El Paso, Tejas, el jueves 25 abril a las 7pm en la galería Purple Pop-Up. No será igual, pero presiento que será mágica.

sábado, 6 de abril de 2013

Tres días en bus para encontrarse con su hija desaparecida María Guadalupe de la Cruz Francisco, de 17 años: en huesos





Habla despacio. Toma aire profundo para poder pronunciar unas tres o cuatro palabras seguidas. Es un hombre robusto. Ahora con una hija en un ataúd. Con lo que queda de ella: algunos huesos.

"Vengo desde Cárdenas, Tabasco de enterrar a mi difunto padre, me quedé un rato... para recibir... para recibir la mala noticia de que a mi hija la habían asesinado. Fue el peor golpe que nunca me imaginé recibir, primero mi padre muere de muerte natural y luego mi hija.... "

Llora.

Moisés de la Cruz Guillén tiene 41 años. Es guardia de seguridad: hace cuatro meses perdió su empleo. Está en una funeraria de la colonia Azteca, muy cerquita de la calle donde vive en una casita de un solo cuarto y tres camas para su esposa y cinco hijos. El miércoles supo que su hija desaparecida "desde el 4 de febrero" fue encontrada el 26 de febrero en un terreno baldío situado detrás de la fábrica maquiladora Electrolux. Lo único que quedaba de ella era parte de su esqueleto cubierto aún con algo de tejido lo que hizo posible una identificación más rápida por DNA.

"Me avisó mi mujer por teléfono... Por causa de esa información me cayó como una especie de... me duele  la cabeza... me dio algo y vengo tomando medicinas y fue a partir de ese día que recibí un golpe tan grande".

La Fiscalía le pagó el viaje de regreso a Juárez. En bus. Fueron 4 mil pesos (unos 330 dólares), el doble que un billete de avión. Y tres días de viaje en dos autobuses: uno desde Tabasco a la Ciudad de México y el otro, rumbo a Juárez. El papá de María Guadalupe de la Cruz no había podido regresar antes a su hogar porque en el estado sureño de Tabasco no había podido encontrar chamba para poder pagar su boleto de vuelta. Acaba de arribar.

"Si viera lo que yo quería era llegar y por más que yo quería... Yo digo que cuando las cosas se empeoran y quiere uno llegar se empeoran, aún más".



El ataúd de María Guadalupe de la Cruz Francisco es blanco. Tenía 17 años de edad. Soñaba con estudiar estilismo y le gustaba dibujar, "era alegre, era la única que me hacía relajos (bromas)". Criada en una familia cristiana, donde no se permiten los bailes, tres meses antes de desaparecer se fue a vivir con una vecina y sus dos hijas adolescentes de 14 y 16 años de edad.  Una semana antes de su desaparición, regresó a su hogar. Yadira, su mamá pensaba que había aprendido la lección cuando ella le pidió que si la buscaban, les comentara que no estaba.

"Quería libertad, yo le decía que los bailes no son buenos y ella me decía: 'tu mamá estás loca porque ves mucha televisión´".

Lo dice cargando al menor de sus hijos, una niña de dos años, acariciando el féretro de su hija. De la que recuerda la última vez que la vio:

"Ella salió el 4 de febrero a las 5 de la tarde a poner recarga al celular y ya no regresó. Le hablé porque no llegaba y me dijo que estaba con una amiga. Le estuve marcando y marcando y de repente se me desaparece como si se la hubiera tragado la tierra. Llevaba una blusa rosa, un pantalón de mezclilla negro, unos botines y un calcetín blanco con rayitas como de tenis".

Comenzó a buscarla. Y asegura que el 8 de febrero levantó el reporte de desaparición.

El teléfono sonó el miércoles 3 de marzo. Le llamaban de la Fiscalía. "Me dijeron que me iban a buscar en la casa y me iban a llevar para hacer unos papeles. Y en ese momento me llamó la psicóloga y me dijo que ya la habían encontrado y que con el  ADN que me hicieron coincidía con el de ella".

"Lo más duro es que me hayan quitado a mi hija, pues sí.  Más que nada siento coraje por la muerte de mi hija, por los asesinos que no tienen misericordia que matan sin piedad".


Hace dieciséis años, Yadira y su esposo Moisés emigraron a Ciudad Juárez desde un hermoso pueblo del estado de Veracruz llamado Oteapan, cerca del mar. Llegaron al desierto en busca de trabajo en una fábrica maquiladora. Con la desaparición y el asesinato de su hija, quieren regresar al sur de México. Quieren prevenir que a sus otras hijas les ocurra lo mismo.

"Te voy a decir algo y espero  que estoy no traiga represalias. Aquí el peor caso es que aquí el delincuente tiene más apoyo que una gente normal, y está más protegido por la autoridad que una gente buena que se dedica a trabajar", dice el papá de María Guadalupe de la Cruz.

"Pero primero antes de regresar quisiera que los que hicieron esta maldad recibieran su justo pago, ser castigados por la ley misma, es lo que yo más quisiera en la vida, que su muerte no quedara impune (como el 97% de los crímenes en Juárez), sino que se hiciera justicia"

Unos días previos de que a Yadira, de 39 años, le entregaran un ataúd cerrado con los restos de su hija, tuvo dos sueños, donde su hija le tranquilizaba con un: "Ya no me busques, estoy en un lugar muy especial".
"Entonces eso me da fuerzas de que un día voy a ver a mi hija (en el cielo). Ella no está muerta, le mataron el cuerpo está destruida toda, pero el alma vive".

Mari García, mamá de Jessica Leticia Peña, desaparecida a los 15 años en el centro de Juárez y encontrada
en una fosa clandestina con los restos de doce desaparecidas en el Valle de Juárez, no conocía a Yadira, mamá de María Guadalupe de la Cruz Francisco, de 17 años. Al saber de su tragedia,  esta mamá desempleada tomó dos rutas por casi dos horas para acompañarla.

****ACTUALIZACION: María Guadalupe de la Cruz Francisco, de 17 años de edad, fue enterrada el domingo en la intimidad. Tras celebrar un servicio cristiano, su féretro salió de la humilde funeraria del Carmen III rumbo al panteón de San Rafael. 
En la mañana del lunes, Yadira y su esposo Moisés se dirigieron a la Fiscalía. Querían ver algo de que quedó de su hija, ahora muerta y enterrada, al menos acariciar las ropas que encontraron junto a los huesos que les entregaron en un ataúd cerrado. "Pero nos dijeron que no podían, que era imposible, que podía afectarnos... ¿más de lo que estamos?". 
Con el agente del ministerio público que tiene la carpeta de investigación de su hija, levantaron una denuncia contra de "Lupe", la mujer con la que vivió su hija, detrás de su casita. 
"El domingo que enterramos a mi hija, me sentí mal, y le dije a mi hijo el mayor que me acompañara a la farmacia y una señora que es mamá de las muchachas... me amenazó y me dijo: "ahora sigues tú, guey". 
Y comenzaron a sentir más miedo. A desear huir lo antes posible a Veracruz. Como no tienen dinero para comprar los boletos del bus y comenzar una nueva vida en su estado de origen, pidieron ayuda a la trabajadora social que atiende a víctimas en la Fiscalía. La respuesta fue negativa. 
Ahora sobreviven atrapados  en la ciudad a la que emigraron en busca de trabajo y donde perdieron a su hija. Ahora sin trabajo y sin uno de sus cinco hijos.

jueves, 4 de abril de 2013

La niña de Nancy Navarro cumple tres años de edad de edad: el segundo cumpleaños sin su mamá, desaparecida



Esta mañana, Lucy se levantó con un sueño. Abrazó a su nieta Brianita -la pequeña de Nancy Navarro -desaparecida en el centro de Juárez el 13 de julio de 2011-, la vistió aún más hermosa y fueron a misa. La niña cumple hoy tres años de edad: dos de ellos sin saber dónde está su mamá.

"Siempre acostumbré a llevar a mis hijos a la iglesia para dar gracias a Dios porque están bien. Cuando Nancy se alivió, a la semana de recuperación, también la llevé".

Al entrar en la iglesia Santa Cecilia, situada en una zona donde han desaparecido diez niñas y jovencitas en los últimos tres años, Lucy escribió una petición en un papelito que después sería leída en la celebración eucarística. En ella, pedía que su hija regresara.


"Yo sigo con la esperanza de que mi hija esté viva y que algún día la voy a ver. Aunque las autoridades no hagan nada, yo tengo la esperanza de que vaya a haber alguien que me dé una señal de mi Nancita. Sigo confiando en Dios, para las autoridades hay cosas imposibles porque no quieren, y para Dios no hay nada imposible. Sueño con tenerla en casa y decirle cuánto la quiero y cuánto la extrañé, abrazarla...".

Desayuno, con pancakes: hay que mimar a la festejada. En la tarde, cuando sus tres tíos -también niños- salgan de la escuela, tendrá su pastel de chocolate.

"Brianita tenía un año y tres meses cuando su mamá Nancy desapareció. Ella dice que cuando le hagamos su fiesta quiere que venga su mamita, me lo dice con una ilusión, con una ternura que me remueve todas las entrañas".

La casita de la familia Navarro Muñoz, que está incrustada en una colina de arena desde la que no se ve la calle más cercana, es un museo para Nancy. Aunque no la he conocido aún -comencé a descubrir su mundo a los dos días de su desaparición- se siente su presencia. Están sus fotos de bebita, su quinceañera, embarazada descubriendo su barriguita, con su hija en brazos. Recuerdos que brillan sin una mota de polvo en un tierra desértica donde las ventoleras pueden convertirse en cotidianas. Es como si con sus recuerdos, se mitigara su ausencia del hogar. Y su Brianita fuera creciendo rodeada de su mamá, sin que ella esté presente.

"Yo digo que mi gorda nunca se va a olvidar de su mamá Nancy. Todas las noches me dice que le cante todas las canciones que sepa, de animalitos, del Angel de la Guarda. Brianita nos trae la energía positiva. Me pregunta quién le daba chichita (pecho), le digo que su mami Nancy, y ella me dice: ¿y cuando venga me la va a dar? Sí mi amor, te va a dar".

El sábado 20 de abril, Brianita tendrá su fiesta. Con piñata.

"Yo quisiera que mi Nancita estuviera presente. Se supone que era el deseo de mi hija, cuando la niña cumpliera tres años, bautizarla".

***Esta es Nancy Navarro, en la primera nota que escribí sobre su desaparición, a los dos días, cuando todavía las autoridades no habían activado el protocolo Alba de búsqueda:   http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2011/07/desaparecida-nancy-navarro-18-anos-sin.html

Lo hicieron tras una protesta de la familia de Nancy a los diez días de no saber dónde estaba.

lunes, 1 de abril de 2013

Desde que su hija Diana Rocío Ramírez desapareció, a su hijo lo torturan y encarcelan. Y su esposo, huye a Estados Unidos


Rosa, en busca de su hija Diana Rocío Ramírez Hernández

El la dejó: no pudo aguantar el dolor y huyó a los Estados Unidos. Ella se quedó en Juárez buscando a su hija desaparecida Diana Rocío Ramírez Hernández: 18 años. Más dos años de espera.

Hay días como hoy en los que el que fuera su esposo le llama por teléfono para saber si hay alguna noticia de su hija. Desde hace diez meses, también pregunta por su hijastro Luis Manuel Morales Hernández -al que crió desde que era un niño- y que un 25 de mayo de 2012 "lo sacaron de la casa los policías municipales.... Leyzaola (el teniente coronel que actualmente es el secretario de Seguridad Pública de Ciudad Juárez) fue el que entró en la casa con todos encapuchados. A los niños, a todos nos encerraron en el baño. Lo golpearon, lo torturaron con toques, agua, lo axfisiaron con una bolsa y a las tres horas lo presentaron ante los medios junto a dos menores y otros dos chavos que no conocía acusándolo que lo detuvieron en un vehículo por la colonia Chaveña  -cuando fue en la casa y en la colonia Felipe Angeles- y que en la revisión del automóvil encontraron (tres) fusiles de asalto, una granada, cartuchos y (seis) dosis de cocaína. Le han sentenciado a 11 años y dos meses. Es inocente".

En dos años, Rosa ha sufrido la desaparición de su consentida Diana Rocío, la separación del padre de sus dos hijos y que imputaran "injustamente" a su hijo Luis Manuel, un trabajador de la construcción de 26 años y padre de dos niños de 5 y 2.

"Es un día difícil, muy pesado, muy tenso, muy agobiante, muy triste... y tuve hasta dos errores en mi trabajo, porque no me podía concentrar", dice Rosa, una auxiliar administrativo de 46 años de edad, en el segundo aniversario de la desaparición de su hija.

La última vez que vio a Diana Rocío Ramírez Hernández -que estudió un semestre de Ingeniería en Tecnologías de la Información y Computación en el Instituto Tecnológico (el Tec de Juárez) y estaba pensando en iniciar la licenciatura en psicología- fue el 1 de abril de 2011. Esta salió al mediodía de la casa para encontrarse con una amistad en la zona centro de Juárez. Para las cuatro de la tarde, Diana Rocío no contestaba sus llamadas, su celular estaba apagado.
Desde aquel instante, Rosa comenzó a averiguar dónde estaría su hija, primero entre amistades, la buscó por hospitales hasta la madrugada.
A las ocho de la mañana del día siguiente se dirigió a la Fiscalía, a Previas para interponer una denuncia por la desaparición de su hija. Pero las autoridades le indicaron que tenía que "esperar 72 horas". "En lugar de activar el protocolo Alba (de búsqueda) fue todo lo contrario: 'debe de estar con el novio, al rato aparece... Se metió a bailar' ".

Hace unos días, que a Rosa le asignaron a un nuevo agente ministerio público que llevará el caso de su hija. El cuarto. "Al primero, a los tres meses lo mandaron a un curso por tres meses y me atendía quien estaba disponible".
Cuando Rosa llegaba con pistas sobre el paradero de su hija, asegura que la segunda agente investigadora del ministerio público le decía: "es que ustedes nos quieren decir cómo hacer nuestro trabajo".

En este tiempo, ha recibido llamadas amenazantes. Incluso, dejó su casa por dos semanas. "Tenemos miedo", afirma. Pero éste lo supera para seguir buscando a su hija y demandando justicia para su hijo encarcelado. Y rogando fuerzas para no derrumbarse. Esta tarde lo hizo con una misa desde la Misión franciscana de Nuestra Señora de Guadalupe, una joya arquitectónica del siglo XVII, situada en la zona centro: donde desaparecen niñas y jovencitas, como su hija.

Antes de entrar a la misa, tomé esta foto a algunos familiares de desaparecidas que acompañaron a la mamá de Diana Rocío. De izda. a dcha. podéis ver a las mamás de Esmeralda Castillo Rincón, Griselda Murúa, Jessica Ivonne Padilla, el papá de Esmeralda y las mamás de Perla Ivonne Aguirre y Janeth Paola Betancourth.  Todas invirtieron una media de hora y media para llegar en el casi inexistente y pésimo transporte público. En la foto, faltan las mamás de Mónica Janeth Alanís Esparza,  Idalí Juache Laguna y Brenda Berenice Castillo García, que se incorporaron minutos más tarde. 


Eduardo Hayen Cuarón, sacerdote: "Las autoridades no han hecho todavía lo que les corresponde (en los casos de desaparición). Es alarmante lo que ha sucedido en Juárez durante los últimos años".  El sacerdote, bendiciéndolas.